Síndrome de fatiga crónica

Síndrome de fatiga crónica

13 mayo, 2024 0 Por dropharma_admin

El síndrome de fatiga crónica se caracteriza por un cansancio extremo y prolongado que no está relacionado con un esfuerzo previo ni mejora con el descanso. No tiene cura, pero hay tratamientos que ayudan a los afectados.

Qué es el síndrome de fatiga crónica lo que conocemos popularmente como ‘fatiga’ implica una sensación de cansancio o incapacidad para llevar a cabo las actividades físicas o intelectuales habituales. Esto puede ser el resultado de un ejercicio físico o psíquico por encima de nuestra capacidad, siendo entonces una fatiga secundaria a este esfuerzo y, generalmente, es proporcional al tamaño de éste. Pero en el síndrome de fatiga crónica van implícitas una serie de características que lo definen. Por un lado, significa que existe una merma en la capacidad física, pero sin relación con ningún esfuerzo previo o asociado con alguno de escasa intensidad. Además, este síntoma permanece por un largo período de tiempo, aunque no necesariamente constante, sino intermitente a veces, que viene a ser de al menos seis meses. Por otro lado, se trataría de una fatiga extrema, con carácter invalidante, incapacitante en la mayoría de los casos, y en la que a pesar del descanso no se consigue mejoría. Con el paso del tiempo, puede provocar alteraciones en el correcto funcionamiento de los sistemas neurológico, inmunológico, endocrino y metabólico.

El síndrome de fatiga crónica es un problema de salud que tiene un gran impacto sobre la calidad de vida del paciente, ya que puede llegar a discapacitarle hasta el extremo de no poder levantarse de la cama, lo que impide que desarrolle una actividad laboral con normalidad, y también afecta a sus relaciones sociales, familiares, o sentimentales ya que, aunque el malestar no siempre sea continuo, le impide hacer planes, pues nunca sabe cómo se va a encontrar al día siguiente, o incluso al cabo de unas horas. De ahí que la comprensión y el apoyo de la familia y los amigos resulten fundamentales para estas personas.

No se trata de una enfermedad nueva, sino que a lo largo de los años han existido síndromes con síntomas similares. Se conoció el síndrome de DaCosta o corazón del soldado, allá por el siglo XIX; también se le llamó neurastenia. En el siglo XX, atendiendo a un número creciente de casos que se atribuían a un proceso producido por algún virus, se conoció la encefalitis miálgica. El término actual de esta enfermedad, síndrome de fatiga crónica, es el resultado de varios consensos (Criterios internacionales de Fukuda, Criterios de consenso internacional) sobre una serie de síntomas que deben darse para poder hablar de ella con entidad propia, siendo necesario excluir otras patologías de presentación clínica similar, que puedan explicar algunos de estos síntomas, o asemejarse a ella.El síndrome de fatiga crónica presenta una prevalencia variable, pues muy probablemente una gran parte de los afectados no están diagnosticados aún. Según las poblaciones estudiadas, oscila entre 1% y 1 por 1000, siendo claramente más frecuente en la mujer. La edad de aparición suele ser entre los 20 y los 40 años, aunque hay casos descritos en adolescentes y en ancianos.El tratamiento actual no es curativo para esta patología, si bien la combinación de medidas farmacológicas, ejercicio físico, y terapias psicoconductuales, pueden aliviar los síntomas, adaptar a la persona afectada al medio en el que vive y, por tanto, llegar a normalizar su vida en la mayoría de los casos.

Causas del síndrome de fatiga crónica

se puede afirmar con rotundidad que no existe a día de hoy una causa clara que provoque síndrome de fatiga crónica, como tampoco unos factores de riesgo bien definidos. De hecho, existe una enorme controversia no resuelta sobre si su origen es orgánico o psicológico. Y probablemente no es fácil resolver esta cuestión, dado que aunque cada vez existe más evidencia que explica una base orgánica de la enfermedad, este problema suele llevar aparejados una serie de trastornos psicológicos.

Se han postulado distintas teorías para explicar la hipótesis de las causas del síndrome de fatiga crónica y su origen:

  • Origen vírico: numerosos trabajos científicos han tratado de relacionar esta enfermedad con infecciones por agentes tan diversos como el virus de Epstein Barr, el citomegalovirus, el virus del herpes tipo 6, candidiasis, o el virus de la leucemia murina. Probablemente exista alguna relación, dado que en más de la mitad de los pacientes de síndrome de fatiga crónica suelen describirse los síntomas a partir de un proceso infeccioso, del que se recuperan parcialmente, pero persistirían con un cansancio desproporcionado, algunas adenopatías o ganglios inflamados, dolor de garganta, e incluso fiebre. También se ha demostrado en algunos estudios que existen fragmentos de virus en biopsias musculares de pacientes.
  • Origen hormonal: algunas otras teorías tratan de conectar las alteraciones endocrinológicas que estos individuos presentan, sobre todo tiroideas, con una posible causa en este sentido. Incluso una tercera parte de los afectados padecen alteraciones del cortisol que justifican muchos de los síntomas que posteriormente se describen, o dismenorrea y endometriosis en muchas mujeres.
  • Origen inmunológico: a este respecto se ha postulado una alteración en el sistema inmunológico de las personas afectadas por este síndrome, que enlazaría con la teoría de los virus, dado que estos iniciarían el proceso, y las alteraciones inmunológicas perpetuarían los síntomas por una recuperación insuficiente a causa de un fenómeno inflamatorio crónico.
  • Origen psicopatológico: aunque en la actualidad no se considera su principal causa, es frecuente la asociación de este síndrome con trastornos adaptativos, cuadros depresivos, etcétera.
  • Origen dietético o nutricional: se ha barajado la posibilidad de que el síndrome de fatiga crónica fuera producto de algún déficit nutricional, o consecuencia de alguna intolerancia alimenticia, ya que los pacientes presentan a menudo alergias de este tipo.Como en otras enfermedades de causas no aclaradas, la hipótesis más probable puede ser la conjunción de varios de estos factores, para finalmente desembocar en este síndrome.

Síntomas del síndrome de fatiga crónica

el pilar fundamental sobre el que gira el síndrome de fatiga crónica es, como su nombre indica, la fatiga, entendida como un cansancio desproporcionado y mantenido en el tiempo. Es, por tanto, el síntoma sine qua non. Las personas que padecen la enfermedad a menudo reconocen un momento concreto a partir del cual presentan este síntoma, progresando con el tiempo hasta una situación incapacitante, que altera profundamente todas las esferas de su vida (personal, social, laboral). Es quizá un proceso infeccioso agudo el que habitualmente desencadena este y el resto de síntomas, como por ejemplo una mononucleosis, o un catarro de vías respiratorias.

Asimismo existe una alteración de la memoria y de la concentración en estas personas, que les impide ejercitar sus actividades rutinarias con normalidad. Se acompañan generalmente de cefalea y alteraciones del ánimo.

Entre los síntomas del síndrome de fatiga crónica que pueden asemejar a un proceso infeccioso, destacan la inflamación de los ganglios del cuello o de las axilas, que suelen ser dolorosos, el dolor de garganta prolongado, el dolor articular sin inflamación ni rigidez, e incluso cierto grado de fiebre.

En un alto porcentaje de los casos, superior al 50%, pueden presentar síndrome seco, o al menos parte de sus síntomas, pero sin criterios analíticos de enfermedad de Sjögren.

Es frecuente que estas personas puedan presentar lipotimias o desvanecimientos, así como sudación excesiva y mareos con bajadas de tensión.Los afectados por síndrome de fatiga crónica presentan algunos puntos comunes con otros trastornos de causa también desconocida, como el síndrome del intestino irritable, manifestando períodos de diarrea y estreñimientodismenorrea y endometriosis; tiroiditis autoinmune; síntomas similares a la fibromialgia, aunque hoy por hoy se reconocen como dos entidades distintas, y trastornos depresivos que agudizan en algunos casos los síntomas somáticos.

Criterios clínicos para identificar el síndrome de fatiga crónica

Según los consensos que definen la enfermedad, los criterios clínicos para identificar el síndrome de fatiga crónica deben ser:

  1. Fatiga crónica persistente al menos seis meses, o intermitente en este período de tiempo, no explicable por un esfuerzo, que no mejora con descanso de al menos 24 h, y que ocasiona una reducción superior al 50% de la actividad que realizaba previamente el individuo.
  2. Exclusión de otros procesos patológicos que pudieran explicar esta fatiga extrema.

Además de estos dos criterios se deben dar cuatro o más de los siguientes síntomas para calificarlo como síndrome de fatiga crónica:

  • Alteración de la memoria y de la concentración.
  • Dolor de garganta.
  • Inflamación dolorosa de ganglios del cuello o axilas.
  • Dolores musculares.
  • Dolores articulares sin inflamación ni rigidez.
  • Cefalea de inicio reciente o diferente a la habitual.
  • Alteraciones del sueño.
  • Malestar de más de 24 h tras un esfuerzo.
  • En 2015, una revisión internacional resume los criterios en la presencia de fatiga invalidante durante más de seis meses, cansancio extremo tras esfuerzos habituales y descanso no reparador, lo que debe acompañarse de alteración cognitiva (memoria/concentración), o inestabilidad ortostática (mareos, desvanecimientos).

Diagnóstico del síndrome de fatiga crónica

El principal mecanismo para llegar al diagnóstico del síndrome de fatiga crónica es basarse en los criterios internacionales de consenso expuestos en el apartado anterior. Es cierto que, al presentar síntomas tales como adenopatías, dolor de garganta, cefalea, etcétera, muchos pacientes recorren infinidad de consultas de especialistas y centros médicos en busca de otros diagnósticos que tienen una expresión clínica similar.

Por este motivo, y como criterio mayor del diagnóstico de la enfermedad, deben quedar excluidas otras patologías, por lo que es necesario realizar una analítica completa. Se acepta universalmente que dicho análisis incluya parámetros para descartar anemia, elevación de enzimas musculares, parámetros inflamatorios reumáticos, hormonas tiroideas, anticuerpos de lupus y de artritis reumatoide, pruebas microbiológicas para descartar infecciones como tuberculosishepatitis B y CVIHbrucellasífilis, etcétera, y determinación funcional de cortisol y sus derivados.

Para diagnosticar el síndrome de fatiga crónica es importante también realizar algunas pruebas de imagen tales como ecografía abdominalTAC torácico y abdominal y electromiograma, de tal manera que se descarte también la presencia de algunos tumores o linfomas que pueden presentar algunos rasgos comunes.Es recomendable también la valoración psicopatológica por parte de un especialista, dado que debe determinarse con claridad si existe algún trastorno de ansiedaddepresión, o de otra índole, que pueda explicar los síntomas de estas personas. Aun no siendo así, los pacientes con síndrome de fatiga crónica deben también tener un seguimiento en este sentido, pues la psicoterapia puede ser de gran ayuda.

Diferencias entre la fatiga crónica y la fibromialgia

Se debe hacer hincapié en que, a pesar de sus puntos comunes con la fibromialgia, son dos entidades independientes y que presentan criterios clínicos diferenciados a la hora de hacer distinciones en su diagnóstico. Ambas son de curso crónico, con tratamientos no curativos, que se manifiestan con síntomas somáticos, aunque la fibromialgia con puntos gatillo bien definidos, pero también con alteraciones anímicas, y ambas con resultados analíticos negativos para otras enfermedades.

En este sentido, es importante que la sociedad y los médicos conozcan la enfermedad de síndrome de fatiga crónica, para poder realizar un diagnóstico correcto y encaminar a los pacientes hacia las terapias más beneficiosas para cada uno de ellos.

Tratamiento del síndrome de fatiga crónica

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n la actualidad no existe un tratamiento que consiga curar el síndrome de fatiga crónica. Existen, eso sí, varias líneas terapéuticas que, de forma combinada, permiten al paciente llevar una vida cercana a la normalidad y convivir de manera razonable con este problema.

Por una lado, la terapia cognitiva-conductual permite una mejor adaptación del paciente para asimilar como es vivir con su enfermedad y cómo afecta a su entorno y a él mismos los cambios que conlleva el SFC. Esta debe ser impartida por profesionales (psicoterapeutas) en sesiones de unos 60 minutos, no menos de 4-6 meses, y es esencial que se aplique desde el principio del diagnóstico. En ocasiones ha mostrado beneficio la terapia grupal, donde cada paciente exprese y conozca todas las vivencias de los casos de este trastorno.Por otro lado, es recomendable realizar ejercicio físico. En este sentido se debe recalcar que este ha de estar diseñado para cada persona concreta, mediante una actividad física saludable adaptada a su capacidad, en torno a sesiones de 30 minutos, evitando sobreesfuerzos en períodos de mejoría, pues puede provocar una recaída de los síntomas. Es evidente por todo lo conocido hasta ahora de esta enfermedad que la inactividad física o el reposo prolongado pueden empeorar la sintomatología. Es aconsejable también la supervisión de un fisioterapeuta para adaptar el ejercicio a los distintos grupos musculares y llevar a cabo un correcto programa deportivo.